Desde el 2012, Katie Crutchfield y su proyecto, Waxahatchee, han logrado ganarse las alabanzas de la crítica especializada con una música sincera y unas letras repletas de la madurez y las dudas que, en ese momento, pasa la artista. Su primer disco American Weekend (2012) gustó bastante y su predecesor, Cerulean Salt (2013), no hizo más que establecerla como una interprete que busca llegarle a sus fanáticos a través de una personalidad de la cual muchos se pueden basar. Ha aparecido en muchas listas refiriéndose a sus discos (Sobre todo al segundo, ya que, hasta ahora, lleva tres sin contar éste) como de los mejores de su respectivos años y hasta de lo que va de la década. Eso es lo que dicen los críticos; pero mi opinión es otra cosa. Mientras no puedo decir que he escuchado todo el material de Waxahatchee, ya que el tercer disco, Ivy Tripp (2015), lo pasé desapercibido hasta ahora, creo que muchas de las opiniones están sobreval...
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